El presidente de Colombia, Gustavo Petro, enfrenta la recta final de su mandato con un escenario político que pocos anticipaban hace dos años. Luego de atravesar una profunda caída en popularidad y fuertes cuestionamientos sobre su gestión, el mandatario colombiano ha logrado recuperar parte importante del respaldo ciudadano justo antes de las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo.
Aunque la Constitución colombiana prohíbe la reelección presidencial inmediata, Petro se ha convertido en la figura central de la campaña electoral. La contienda no solo definirá quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años, sino también si los colombianos respaldan o rechazan el proyecto político de izquierda iniciado en 2022 con la llegada del primer presidente progresista en la historia del país.
El crecimiento en la popularidad de Petro ha sorprendido tanto a analistas como a sectores de oposición. A finales de 2023, diversas encuestas mostraban un panorama complicado para el mandatario. En algunos estudios, más del 60 % de los ciudadanos desaprobaban su gestión debido al aumento de la inseguridad, la inflación y las dificultades para aprobar reformas clave en el Congreso.
Sin embargo, durante el último año, la percepción pública comenzó a cambiar gradualmente. Encuestas recientes muestran un aumento significativo en los índices de aprobación presidencial, llegando incluso a equilibrarse con los niveles de desaprobación en algunos sondeos nacionales.
Expertos consideran que esta recuperación responde a varias decisiones políticas y económicas tomadas por el gobierno en los últimos meses. Entre las medidas más destacadas figura el aumento del salario mínimo decretado para 2026, uno de los más altos registrados en las últimas décadas en Colombia. La decisión benefició especialmente a trabajadores de bajos ingresos y fue bien recibida por sectores sindicales y organizaciones sociales.
Aunque empresarios y gremios económicos advirtieron que la medida podría aumentar la inflación y afectar la generación de empleos, los resultados económicos han mostrado cierta estabilidad. El desempleo se mantiene por debajo del 9 %, mientras que el crecimiento económico ha superado las expectativas iniciales de varios organismos financieros. A esto se suma la aprobación parcial de reformas laborales impulsadas por el oficialismo, orientadas a fortalecer derechos de trabajadores formales y ampliar beneficios sociales. Para muchos simpatizantes de Petro, estas iniciativas representan el cumplimiento de promesas históricas que gobiernos anteriores no lograron concretar.
La figura presidencial también ha ganado protagonismo internacional debido a la relación de Petro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Durante meses, ambos líderes protagonizaron fuertes tensiones diplomáticas por temas migratorios, seguridad regional y operaciones militares estadounidenses relacionadas con el narcotráfico.
Petro criticó públicamente los vuelos de deportación masiva y cuestionó operaciones militares impulsadas por Washington en el Caribe y el Pacífico, donde murieron decenas de personas. Trump respondió con declaraciones severas e incluso llegó a insinuar posibles sanciones contra Colombia.
No obstante, la situación cambió tras una reunión bilateral celebrada en la Casa Blanca a principios de 2026. El encuentro permitió reducir tensiones y fue interpretado por algunos sectores como una muestra de capacidad diplomática del mandatario colombiano. Analistas consideran que Petro obtuvo beneficios políticos tanto por enfrentarse inicialmente a Trump —una figura impopular en parte de América Latina— como por posteriormente alcanzar una relación más estable con Washington.

En medio de este contexto, la candidatura oficialista del senador Iván Cepeda ha logrado fortalecerse. Cepeda, identificado con la izquierda y cercano al presidente, encabeza varias encuestas de intención de voto, aunque todavía enfrenta un escenario altamente competitivo.
La oposición, principalmente representada por la derecha y sectores conservadores, mantiene una base sólida de apoyo. La senadora Paloma Valencia, respaldada por el expresidente Álvaro Uribe, y el abogado Abelardo de la Espriella aparecen entre los principales aspirantes opositores con posibilidades de avanzar a una eventual segunda vuelta.
La polarización política continúa siendo uno de los rasgos más marcados del panorama colombiano. Mientras millones de ciudadanos respaldan las reformas impulsadas por Petro y defienden la continuidad de su proyecto político, otro amplio sector considera que el país necesita un cambio de rumbo.
Las propuestas del presidente sobre una posible reforma constitucional y transformaciones profundas en el sistema de salud han generado preocupación en sectores empresariales y opositores, que advierten sobre posibles riesgos institucionales y económicos.
A pesar de ello, Petro conserva una base electoral sólida y altamente movilizada. Su capacidad para conectar con sectores populares, jóvenes y organizaciones sociales sigue siendo una de las principales fortalezas del oficialismo.
Analistas coinciden en que las elecciones presidenciales de este año representan mucho más que una simple transición política. El proceso electoral funciona, en la práctica, como un referéndum sobre la gestión de Petro y el futuro de la izquierda en Colombia.
Si el oficialismo logra mantenerse en el poder, significaría la consolidación de un nuevo ciclo político progresista en uno de los países históricamente más conservadores de América Latina. En cambio, una victoria de la oposición podría marcar el regreso de sectores tradicionales y un freno a las reformas impulsadas durante los últimos cuatro años.
Con el país dividido casi en partes iguales entre quienes apoyan y rechazan al mandatario, la campaña entra en su etapa decisiva bajo un clima de alta tensión política y expectativa nacional.
El resultado del próximo 31 de mayo no solo definirá al próximo presidente colombiano, sino también el rumbo político y social que tomará Colombia en los próximos años.



