Abelardo de la Espriella capitaliza el descontento social y emerge como la figura más radical de la campaña presidencial.
La política colombiana atraviesa uno de sus momentos más polarizados en décadas. A pocos días de las elecciones presidenciales, la ultraderecha encontró un nuevo protagonista en Abelardo de la Espriella, un abogado mediático que pasó de los tribunales a las plazas públicas con un discurso agresivo contra la izquierda, las élites políticas y las instituciones tradicionales.
Su ascenso refleja un fenómeno que ya transformó otros países de América Latina y Europa: el crecimiento de movimientos radicales que prometen orden, autoridad y ruptura con el sistema político tradicional. En Colombia, ese discurso comenzó a ganar fuerza impulsado por la inseguridad, la frustración económica y el desgaste del gobierno de Gustavo Petro.
De la Espriella se presenta como un outsider dispuesto a “rescatar” el país. Habla constantemente de patriotismo, valores conservadores y mano dura contra el crimen. Su narrativa gira alrededor de la idea de reconstruir una “patria fuerte”, libre del “socialismo” y de los partidos tradicionales que, según él, llevaron al país al deterioro institucional.
Aunque Colombia históricamente tuvo una derecha fuerte, nunca había aparecido una figura ultraderechista con tanta capacidad de movilización electoral. Analistas consideran que el fenómeno está relacionado con el creciente desencanto ciudadano hacia la política tradicional y con la sensación de que los gobiernos no han logrado resolver problemas estructurales como la violencia, la corrupción y la desigualdad.
El contexto favorece su crecimiento. La administración de Gustavo Petro llegó al poder con la promesa de grandes transformaciones sociales, pero enfrenta críticas por el manejo de la seguridad, la economía y las reformas impulsadas desde el Ejecutivo. Aunque Petro mantiene apoyo en sectores populares y progresistas, también generó un fuerte rechazo entre votantes conservadores y moderados.
Ese “antipetrismo” se convirtió en el principal combustible político de De la Espriella. Su campaña no solo busca derrotar al oficialismo, sino también canalizar el enojo de ciudadanos cansados de la polarización y la crisis institucional.
En sus discursos, el candidato propone medidas drásticas: construir megacárceles, fortalecer el poder militar, reducir el tamaño del Estado y endurecer las políticas contra grupos criminales. También insiste en disminuir impuestos y promover un modelo económico más liberal, inspirado en líderes como Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador.
Precisamente, muchos observadores encuentran similitudes entre De la Espriella y otros dirigentes de derecha radical que crecieron en los últimos años en América Latina. Todos comparten una narrativa antisistema, una fuerte presencia mediática y un estilo confrontacional que rechaza los consensos políticos tradicionales.
Las redes sociales han sido fundamentales en este fenómeno. El candidato colombiano desarrolló una estrategia digital agresiva, apoyada por influenciadores y videos virales que amplifican su mensaje. En plataformas digitales logra conectar especialmente con jóvenes inconformes y ciudadanos desencantados de los partidos tradicionales.
Expertos advierten que el impacto de las redes cambió por completo las campañas electorales. Hoy, un político puede construir una base sólida de seguidores sin depender de grandes maquinarias partidistas o medios tradicionales. Además, los discursos emocionales y radicales suelen tener más alcance y viralidad.
Mientras tanto, la derecha tradicional enfrenta dificultades para mantener su espacio político. La candidatura de Paloma Valencia, respaldada por el expresidente Álvaro Uribe, no logró consolidarse con la misma fuerza. Su estrategia de atraer votantes moderados terminó debilitando parte del electorado más conservador, que ahora parece inclinarse por opciones más radicales. Las encuestas muestran que De la Espriella podría convertirse en uno de los candidatos más fuertes de la oposición y disputar seriamente una eventual segunda vuelta presidencial. Aunque todavía existe incertidumbre sobre el resultado final, su crecimiento ya cambió el panorama político colombiano.
Sin embargo, el avance de la ultraderecha también despierta preocupación entre académicos y defensores de derechos humanos. Algunos temen que detrás del discurso de seguridad y patriotismo aparezcan propuestas que limiten libertades civiles, derechos de minorías o avances sociales alcanzados en las últimas décadas.
Los críticos señalan además que la constante confrontación política aumenta la división social en un país históricamente marcado por la violencia y la polarización ideológica. Aun así, para muchos votantes el mensaje de De la Espriella representa una respuesta directa frente al miedo, la inseguridad y el cansancio acumulado por años.
Más allá del resultado electoral, el fenómeno ya dejó una señal clara: Colombia no está aislada del avance global de la ultraderecha. El país vive una transformación política donde los discursos radicales ganan espacio y donde cada vez más ciudadanos buscan alternativas fuera del sistema tradicional.
Las elecciones del domingo podrían marcar no solo el futuro inmediato del gobierno colombiano, sino también el inicio de una nueva etapa política en la región.




