La producción teatral cerró su primera temporada a sala llena, abordando temas como la explotación laboral, los privilegios de clase y las heridas invisibles que persisten en la sociedad dominicana.
La Sala Ravelo del Teatro Nacional fue escenario este fin de semana del cierre de la primera temporada de “Yolanda, la hija del diablo”, una propuesta escénica que logró cautivar al público mediante una historia intensa que explora las desigualdades sociales, el abuso de poder y las profundas divisiones de clase presentes en la sociedad.
La obra, producida y dirigida por Jean Manuel Sánchez y escrita por la dramaturga Pamela Herdiz, se presentó del 12 al 14 de junio con una destacada asistencia de espectadores, quienes respondieron con prolongados aplausos tras cada función.
La trama gira en torno a Yolanda, una joven criada desde su infancia por una familia adinerada que, lejos de encontrar protección y afecto, crece sometida a un ambiente marcado por la manipulación, la dependencia emocional y la explotación. Interpretada por Ana Lantigua, la protagonista enfrenta una vida condicionada por relaciones de poder que limitan su libertad y determinan su identidad.

La historia adquiere mayor intensidad a partir de la compleja relación entre Yolanda y Frémota, la matriarca de la familia, personaje encarnado por Pamela Herdiz. Consumida por el resentimiento, la frustración y el abandono, Frémota descarga sus conflictos personales sobre la joven, convirtiéndola en víctima de constantes humillaciones y maltratos.
Uno de los elementos más llamativos de la puesta en escena es la aparición de la denominada “Sociedad de las Malas Lenguas”, un grupo de empleados domésticos que representa la voz colectiva de quienes han soportado años de abusos y desigualdades. A través de estos personajes, la obra plantea una reflexión sobre las estructuras de dominación que suelen normalizarse dentro de determinados entornos sociales.
El desarrollo de la historia alcanza su punto culminante cuando salen a la luz secretos familiares ocultos durante décadas. Revelaciones sobre traiciones, relaciones clandestinas y vínculos de sangre transforman completamente la percepción de los personajes y alteran el rumbo de los acontecimientos.
Lo que inicialmente parece una historia de victimización se convierte en una compleja narrativa sobre identidad, venganza y justicia personal. La protagonista demuestra una faceta inesperada que obliga al espectador a replantearse quién ejerce realmente el control dentro de la trama.
La interpretación de Ana Lantigua recibió elogios por la intensidad emocional que imprimió a su personaje. La actriz destacó que encontró una conexión especial con la historia debido a experiencias familiares relacionadas con el trabajo doméstico, lo que le permitió acercarse con mayor sensibilidad al papel.
Por su parte, el director Jean Manuel Sánchez manifestó su satisfacción por la acogida obtenida tras un proceso creativo que se extendió durante aproximadamente dos años. Al concluir la temporada, recordó que las problemáticas expuestas en la obra continúan siendo parte de la realidad cotidiana de muchas personas.
La producción también contó con un destacado trabajo técnico en escenografía, iluminación y ambientación musical, elementos que contribuyeron a reforzar la atmósfera dramática de la puesta en escena.
Más allá del entretenimiento, “Yolanda, la hija del diablo” deja una reflexión sobre los límites entre víctima y victimario, el peso de las injusticias sociales y las consecuencias de una vida marcada por el abuso. Su mensaje final invita a cuestionar las dinámicas de poder que muchas veces permanecen ocultas tras las apariencias y los privilegios.



